miércoles, 22 de agosto de 2012

¿Se puede amar a un Lannister? (II)

De pronto, como salida de la nada apareció la Septa encargada de la sastrería, con cara de pocos amigos y gritando a Cristina.
-¿Dónde te habías metido, niña? ¿Te crees que esto es el Norte donde puedes hacer lo que quieras? Pues no, aquí hay un horario que cumplir - Al ver al Lannister, se quedó muda de asombro durante unos segundos, pero luego siguió con el sermón.
-¿Y encima molestas a los señores, insensata? Ser Jaime, -Dijo haciendo una reverencia – Lamento mucho que os haya importunado esta pequeña cabeza hueca. -Agarró de la oreja a la Stark queriendo meterla en el local cuando la mano del rubio la apartó bruscamente y sus ojos la fulminaron con desprecio.
-¿Qué creéis que estáis haciendo, Septa Prudence? Lady Stark es noble y como tal la debeis respeto, así que no volváis a insultarla y mucho menos a tocarla, ¿me habéis entendido? - Temblando de miedo, la mujer se apartó y musitó una disculpa, pero Jaime no le prestaba atención porque se acababa de dar cuenta de lo que había hecho, ¡había defendido públicamente a una Stark! Y, para colmo de males sentía un deseo irrefrenable de conocerla mejor, así que se le ocurrió una idea para no levantar sospechas.
-Lady Cristina, necesito un jubón nuevo, y quiero que me lo hagáis vos, ¿os viene bien quedar esta noche para tomarme las medidas? - La Septa, indignada por el desprecio al que había sido sometida habló con voz chillona.
-No será necesario, mi señor, tenemos vuestra talla archivada, no es menester molestaros.
-Vos sí que me estáis molestando, haced el favor de ir a hacer esas cosas tan importantes que decíais que teníais que hacer y no volváis a interrumpirme cuando estoy hablando. -Como movida por un resorte, la mujer hizo una exagerada reverencia y se marchó, rezongando por lo bajo.
Cuando se quedaron solos, Cristina no sabía qué hacer, desde la aparición de la Septa las cosas se habían precipitado y ella seguía con la sensación de estar soñando, porque no podía ser real todo lo que estaba pasando, ¿o sí?
-Aún no me habéis contestado, -Dijo él, algo nervioso, ¿y si ella decía que no quería quedar?
-Pero ya habéis oído a Lady Prudence, no es necesario que os...
-No me habéis entendido, lo del jubón era para alejar a esa vieja entrometida, en realidad os estoy invitando a cenar.
-No sé si deberíamos... - Dijo, notando cómo el calor subía por sus mejillas
-Vamos, una cena inocente, no voy a haceros nada, sólo quiero conoceros mejor. -Sonrió, y en ese preciso momento, un rayo de sol se coló por encima de las almenas y fue a caer en su pelo, haciendo que reluciese como el oro, la Stark no salía de su asombro, pues algo así no podía estar pasándole a ella, pero, armándose de valor contestó.
-En ese caso acepto, pero no creo que os vaya a resultar muy interesante conocerme.
-Eso tendré que juzgarlo yo, querida, ¿no creéis? Os veré a la caída del sol en mis aposentos, así cenaremos tranquilos lejos de miradas indiscretas. -Le cogió la mano y depositó un beso en ella
-Debo marcharme, pero contaré las horas que faltan para nuestro encuentro. Pasad buen día, milady, no trabajeis demasiado. - Se marchó, ondeando su capa al viento, como si fuese un ángel dorado recién caído del cielo, o eso al menos es lo que le pareció a ella.

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Aquí tenéis el siguiente capítulo, ¿se puede amar a un Lannister? (III)

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