martes, 28 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 11

CATELYN
La curiosidad pudo más que la discreción. Catelyn no lograba encontrar tiempo entre sus obligaciones como señora de Aguasdulces para averiguar qué se traían entre manos Lysa y Petyr. Apenas comían, salían corriendo al bosque de dioses, situación que llevaba repitiéndose toda la semana desde que Lord Hoster Tully estaba ausente.
Ese día decidió de una vez por todas que sabría de qué se trataba. Ahora Petyr parecía ser el mismo, bromeaba con ella, incluso la colmaba de atenciones durante las comidas, y Catelyn no sabía si era una actitud sincera o trataba de lograr algo que estuviera en su mano. Era un experto en lisonjear para conseguir lo que quería, lo conocía bien, pero se alegraba de haberlo recuperado.
Ese día, haciendo caso omiso a su sentido del deber, descuidó las obligaciones de la tarde y marchó hacia el bosque de dioses. Pronto divisó a la feliz pareja. Su actitud al verla fue un poco extraña, como si estuvieran incómodos por algo. Petyr la miró anhelante, mientras que Lysa lo observaba a él con inquietud. Llegada a su altura, les preguntó que qué hacían. “Jugar al juego de la verdad”, dijo atropelladamente Petyr, antes de que Catelyn hubiera terminado la pregunta. Lysa se había quedado con la palabra en la boca y frunció el ceño. “Lo que me recuerda que me debes una prenda, Cat”, añadió Petyr pasando su mano por la pelusilla que empezaba a crecerle en el mentón. Ella se sentó junto a ambos con aires de persona mayor, dispuesta a enfrentarse al desafío. Pensó que Petyr seguramente le pediría algo desagradable como comerse un gusano o alguna tontería parecida. “Ahí va: sólo tienes que cerrar los ojos”. “¿Nada más que eso? Qué fácil”, respondió Cat. Lysa miraba con desconfianza a ambos. Catelyn bajó los párpados y de repente sintió un olor a menta y la boca de Petyr sobre la suya, besándola con apasionamiento, como intentando saborear el breve momento. Cat, tras unos instantes en que quedó paralizada, abrió los ojos y, dando un respingo, empujó al muchacho hacia atrás y le dio un bofetón seco. El pecho le subía y bajaba rápidamente y notaba la cara encendida, algo que el chico parecía ver con agrado a pesar de la humillación sufrida. Ella salió corriendo sin mirar hacia atrás ni atender los gritos de Petyr llamándola por su nombre.

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