jueves, 30 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 13

CATELYN

recuerdos de aguasdulces 13 - Juego de tronos en los siete reinos
A pesar de que habían transcurrido tres días desde el beso, Cat seguía notando el sabor a menta en su boca. No podía creer lo que le había sucedido: caer en una trampa tan vieja. ¿Cómo esperar eso de Petyr, del chico al que consideraba su hermano?
Ahora empezaban a encajar las piezas: el cambio de actitud que notó en él no era tanto porque ella era la señora de Aguasdulces como porque Petyr se había enamorado de ella o, más exactamente, creía estarlo. Era impensable que, después de tantos años, fuera a sentir amor por la que podría ser su hermana mayor. Pero el beso demostraba que la teoría más absurda era la acertada. Nunca la habían besado, eso era verdad, pero le pareció que no había otra explicación a la forma en que Petyr lo hizo. No fue algo inocente, como un simple roce. Su boca se había abierto sobre la de ella, intentando abrirse paso… Sacudió la cabeza. No quería recordarlo. Sentía que era algo ilícito, prohibido. ¡Era como besarse con Edmure! Entonces, ¿por qué se había sofocado tanto? ¿Por qué aún creía notar el calor de su aliento de menta en los labios? Estaba indignada… ¡Su primer beso y recibido de él! En sus fantasías siempre pensó que sería su marido el que la besaría por vez primera… Un hombre y no un muchacho que apenas tenía pelo en la cara.
Decidió no darle mayor importancia al asunto desde el primer día. Si se mostraba como siempre, Petyr se desengañaría y terminaría por olvidar el suceso, y vería que a ella no le había afectado en absoluto. La bofetada podría interpretarse como algo propio de una dama ofendida, y más en el caso de Catelyn, tan defensora del honor. Pero nada más. No convenía evitarlo ni huir de él: eso le haría creer que ella sentía algo o que estaba avergonzada.
Para añadir un problema más, la actitud de Lysa la preocupaba. Desde ese día había perdido el carácter alegre de siempre y se paseaba por el castillo con la cabeza baja. Cat no sabía qué hacer para consolarla ni alcanzaba a entender cuál era el origen de su cambio. Durante dos noches la oyó sollozar en su cama hasta que se quedaba durmiendo y a la mañana siguiente su rostro era casi espectral. Tomó la decisión de hablarle claramente esa misma noche. Su querida Lysa, su hermana y amiga, estaba enfermando y no entendía por qué.
Aquella misma tarde, Lord Hoster Tully regresó de su viaje. Venía con el cuerpo fatigado pero con el espíritu alegre, tal y como Catelyn notó por su manera de saludarla: con un gran abrazo y dos besos en la mejilla. Preguntó por Lysa y ella le comentó que se encontraba un poco mal, pero no era nada grave. Su padre mudó el gesto por uno serio. Cat le quitó importancia al asunto a fin de no preocuparlo. No era frecuente que Lord Hoster se mostrara tan distendido con su hija, de forma que Catelyn quiso alargar ese momento un poco más. El señor de Aguasdulces se quedó callado de repente. Ella le sonrió al tiempo que lo interrogaba con la mirada: otra vez parecía ver en Catelyn a una extraña. Su padre la invitó a sentarse junto a él. Había un asunto importante que tratar y ella era parte del mismo. Cat se puso alerta. “Hija mía, tienes casi dieciocho años, ¿nunca has pensado en que es hora de que contraigas matrimonio y seas la señora de tu propio castillo?” Lo soltó a bocajarro, sin rodeos, a la manera de Lord Tully. Catelyn se quedó petrificada sin saber qué responder. La cara le ardía y bajó los ojos mostrando sumisión. “No, padre, nunca lo he pensado”, mintió. “Creía que eso era algo que debíais decidir vos”. Suponía que era la respuesta adecuada en una dama. Andar con pensamientos de amoríos y romances no estaría bien visto en una joven de su posición. “En efecto, querida Cat, así es. Y tu compromiso está establecido desde hace tiempo, pero no ha sido hasta ahora cuando lo vamos a hacer público”. “¿Puedo saber quién es el caballero que será mi futuro esposo?”. Temía que se tratara de algún hombre mayor o, peor aún, de algún anciano achacoso, pero confiaba en el amor que le profesaba su padre. “Proviene del Norte. Es Brandon Stark de Invernalia”. ¡Invernalia! Acostumbrada al suave clima de la región de los Ríos, con sólo oír ese nombre un escalofrío recorrió su cuerpo. Decían que allí siempre hacía frío y nevaba todo el tiempo. No lo soportaría. También contaban las viejas tatas que sus habitantes eran gente ruda y salvaje como los lobos huargo y frías como el hielo. Para empeorar las cosas, adoraban a los árboles corazón, mientras que ella era devota de los Siete. Todo era negativo para Catelyn en ese compromiso. Evitó que todas esas cavilaciones se reflejaran en su cara y mostró una gran sonrisa a su padre, mientras le daba las gracias por tan acertada elección. “Al menos espero que sea joven y guapo”, pensó para consolarse. No tardaría en comprobarlo.

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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 14

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