miércoles, 22 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 4

LYSA
Apenas terminó de desayunar en soledad, Lysa corrió hacia el bosque de dioses. Cuál no sería su decepción cuando no encontró allí a su compañero de juegos. Se sintió defraudada. ¿Dónde andaría? Era raro que Petyr no estuviera esperándola. ¿Qué otra cosa podría hacer si no? Ah, claro, a lo mejor estaba en la biblioteca, empapándose de la historia de los Siete Reinos o algo aún más aburrido.
Ella ya no le veía ningún interés a todo eso, eran cosas que habían ocurrido en tiempos remotos y no había ni pizca de romance en esos relatos. Sin embargo, Petyr consideraba la biblioteca de los Tully un tesoro todavía por descubrir. Recordaba la cara que puso el niño la primera vez que entró. Sus extraños ojos se abrieron de par en par, como queriendo abarcar de una sola vez todo lo que allí había. A partir de ese momento se mostró muy interesado en varios volúmenes que a Lysa le parecían un aburrimiento. “El conocimiento es poder”, decía Petyr. Él y sus sentencias. Prefería la de las manos limpias y el aliento con sabor a menta. Al chico le había dado por andar masticando hojas de esa planta a todas horas, “por lo que pudiera pasar”, decía él con aire misterioso. Ella sabía muy bien a qué se refería. De hecho, en las canciones de los bardos las doncellas tenían aliento de fresa y los caballeros sabían a menta. “Así los besos sí serán maravillosos”, imaginaba Lysa. Sería cuestión de comprobarlo.
Dio media vuelta y desanduvo sus propios pasos hacia el castillo. De camino se tropezó con Cat. ¿Qué hacía ella por allí? Empezaba a perder los nervios: Petyr no estaba y su hermana venía al que ahora consideraba su coto privado. El mundo al revés. Lysa intentó aparentar alegría al ver a Catelyn, pero nunca había sido su fuerte ocultar sus sentimientos. Petyr le decía que en el mundo todo eran apariencias y debía aprender a actuar, a mentir. Y lo decía precisamente él, que últimamente se comportaba como un imbécil cada vez que Cat entraba en la habitación y hacía acto de presencia. Delante de su hermana Petyr era otro… ¿O era realmente él? Toda esa tontería de las apariencias podría estar utilizándolas con ella. El niño divertido, locuaz y hasta un poco canalla que había conocido nueve años antes quizás no existía. De hecho, su lema de las manos siempre limpias y la cara de niño bueno lo hacían parecer un ser inocente frente a su padre cuando se descubría alguna de sus travesuras. Creía conocerlo, pero empezaba a darse cuenta de que no. Sin embargo, Lysa atesoraba el tiempo que pasaba con él porque la escuchaba, daba vuelos a sus fantasías y era un apoyo cuando Lord Hoster o Catelyn le afeaban la conducta.
Cat le preguntó por Petyr. Lysa, un poco celosa, contestó secamente que ella no era su guardiana, que a lo mejor estaba en la biblioteca. Vio a su hermana poner cara de sospecha… ¿Qué demonios quería de ella? Bastante fastidiada estaba ya por no poder estar con Petyr para que ahora viniera a recriminarle algo. Pero no fue así. Catelyn simplemente siguió andando hacia el bosque de dioses como si nada hubiera pasado. Lysa la vio alejarse con recelo y se dirigió como un torbellino hacia el castillo. Notaba las mejillas ardiendo y las lágrimas a punto de brotar. Y no sabía por qué. A veces le ocurrían esos ataques de ira cuando le parecía que todo se ponía en su contra, y más valía no estar cerca de ella en esos momentos.
Al pasar por el patio de armas vio a Edmure entrenando. Tenía el porte de los Tully y sería un auténtico caballero. Pensó que podría quedarse allí, observando a su hermano para calmar los nervios y distraerse, pero al buscar con los ojos un sitio en el que sentarse, vio a Petyr. ¿Así que por esto la había dejado en el bosque de dioses esperando? Ahora ya sí que no entendía nada. Volvió a sentir la sangre subiendo hacia sus mejillas y salió disparada hacia él, dispuesta a echarle en cara su comportamiento. Petyr la vio y su rostro mudó en un sutil instante. De unas cejas fruncidas por la concentración pasó a una mirada relajada con una encantadora sonrisa un tanto ladeada. Lysa apenas pudo resistirse a ese gesto. No sabía cómo, pero Petyr lograba cambiar su estado de ánimo sólo con mirarla. Al llegar a su altura, el muchacho se puso de pie y le tendió una mano, invitándola a sentarse. Lysa estaba aún desconcertada, pero aceptó el ofrecimiento. Petyr se acercó a ella y le pasó un brazo por el hombro. “¿Qué te ocurre, Lysa? Pareces a punto de llorar”, le dijo de forma susurrante. “Nada, sólo que esperaba que me contaras una de tus historias en el bosque de dioses”, respondió ella con la voz quebrada. “Eso está hecho. En cuanto Edmure termine este combate, vamos para allá. Es que no quiero perderme su humillante derrota”, dijo mirando fríamente hacia el futuro Lord Tully.

Recordad, visitad la web de la autora y dejad vuestrras impresiones allí.
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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 5

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