jueves, 23 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 5

CATELYN
Se recostó bajo un árbol a reflexionar sobre la actitud de Lysa. No creía haber dicho o hecho nada que la molestara, pero últimamente su hermana era impredecible. Tenía un corazón generoso, quizá demasiado, pero su carácter era voluble como el viento. Pasaba de la alegría a la tristeza en un abrir y cerrar de ojos, aunque lo peor eran los ataques de ira.
Gracias a los dioses, esta vez se había librado de uno de ellos. Borró esos pensamientos de su mente y se dispuso a disfrutar de un momento de relajación, alejada de las obligaciones como señora de Aguasdulces, e intentó imaginarse cómo sería su vida como esposa de algún caballero y dueña de su propio castillo. Nunca le ponía cara a su futuro esposo, pero en conjunto era un hombre joven, con el pelo largo y castaño y los ojos marrones, alto y fuerte. Y con barba. Le encantaban las barbas porque le parecían muy masculinas. Todas estas ideas nunca las compartía con Lysa. Creía que ella las utilizaría en su contra cuando Cat le recriminara sus fantasías amorosas propias de un bardo. No quería mostrar ningún punto débil delante de ella: Catelyn era el espejo en el que Lysa debía mirarse, no podía tener defectos.
Un ruido como de hojas secas al ser pisadas la sacó de su ensoñación. Seguidamente oyó unas risas ahogadas y pronto se dio cuenta de que eran Petyr y Lysa. Se incorporó sonrojada y ellos estallaron en fuertes carcajadas, aunque Petyr cerró de repente la boca cuando Cat lo miró con desdén. Volvió a ser ese muchacho extraño en el que se había convertido y que apenas la miraba a la cara. Lysa le dio un codazo en el vientre, entre enfadada y juguetona, para que reaccionara.
Se acercaron hacia donde estaba Catelyn. Lysa se mostraba locuaz, sin parar de hablar de cómo Edmure había sido derrotado durante el entrenamiento y, enfadado, había roto la espada de madera en dos. Petyr hacía como que escuchaba el relato, pero no miraba a Lysa, sino a Cat. Ella no le dirigió la mirada en todo el tiempo, aparentando que él no existía. Su manera de comportarse durante el desayuno merecía un castigo. Si no quería nada con ella, ella no deseaba tampoco nada con él. Petyr no pareció captar la indirecta y siguió mirándola furtivamente, con los labios fruncidos. Cuando Lysa terminó de contar la historia que ninguno de sus interlocutores escuchó, invitó a Petyr a narrar uno de sus cuentos de miedo. Catelyn sospechaba que su hermana echaba de menos al compañero de juegos, ése que desaparecía cada vez que ella estaba delante. Volvió a sentir la punzada de culpabilidad y miró hacia él, sonriendo. Petyr se sobresaltó al verse descubierto observándola y se pasó la mano por el pelo rizado, agarrando nerviosamente el mechón de pelo blanco. “No se me ocurre ninguna…”, se excusó. “Sin embargo, creo que podríamos jugar a algo…”. Cat no supo interpretar los ojos de Petyr. “¿Qué estará tramando?”, pensó. No le gustaba desconfiar, pero Lord Hoster le decía siempre que la desconfianza era un arma poderosa. No creía que un simple juego de niños fuera algo por lo que preocuparse e instó a Petyr a explicar en qué consistía. “Se trata del juego de la verdad. Se hacen preguntas y, si se miente, hay que pagar una prenda”. “¿Cómo vas a saber que se dice una mentira?”, se quejó Lysa. “Eso es imposible”. “No lo es”, respondió Petyr, “porque yo tengo poderes mágicos y sé leer la mente”. Lysa soltó una carcajada ante semejante mentira y le dijo que tenía que pagar una prenda. Él sonrió maliciosamente y le dijo que se la cobrara si quería. Lysa se quedó pensando con aire divertido. Cat temía lo peor, pero su hermana fue comedida y sólo le exigió lamer una piedra llena de musgo. Petyr aceptó el reto: pasó la lengua por la piedra con aire digno e inmediatamente después escupió divertido y se echó una hoja de menta a la boca. Era su turno. Miró a la cara a Lysa, pero pareció cambiar de opinión y dirigió sus ojos verdegrisáceos hacia Cat. Ésta notó la sorpresa de su hermana, pero sostuvo la mirada de Petyr de forma desafiante. No tenía miedo a la pregunta, no tenía nada que ocultar. El muchacho sonrió ligeramente, como avergonzado, pero su forma de mirar no denotaba inquietud, sino seguridad. “¿Sueñas con un caballero de cabello castaño y largo, ojos marrones, alto y fuerte y con barba para casarte con él?”. Cat se sonrojó. ¿Cómo podía saber aquello? Su discreción era conocida. ¿Tendría realmente poderes mágicos? Petyr sonrió con aire satisfecho. Ella contestó que no, que no pensaba en casarse todavía y menos había imaginado a su futuro esposo, pero Lysa empezó a gritar entre risas que mentía claramente, que se había puesto colorada y que debía pagar prenda. Petyr bajó la cabeza. “Creo que tengo que pensar muy bien qué prenda me debes pagar, Cat”. Y se echó otra hoja de menta a la boca que sonreía burlonamente.

Recordad, visitad la web de la autora y dejad vuestrras impresiones allí.
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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 6

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