sábado, 25 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 7

LYSA
Por una vez en su vida, Lysa se levantó antes que su hermana. Discretamente se vistió y bajó a la cocina. Esperaba encontrar a Petyr, pero observó por los restos sobre la mesa que él había sido aún más madrugador. Él y sus misterios.
Subió a la biblioteca: no halló su rastro tampoco allí. Bajó las escaleras con cuidado, pensando que podría sorprenderlo por alguno de los pasillos del castillo escuchando las conversaciones de los criados, agazapado y mirando por alguna cerradura. Todo desierto. Ya llevaba un tiempo en el que lo notaba un tanto esquivo y también distraído, sobre todo cuando estaban los tres juntos. En la mañana anterior creyó ver un destello de su antiguo amigo cuando estaban con Cat: la picardía de sus ojos, la sonrisa satisfecha al vencer a su hermana en el juego de las prendas… Era toda una novedad desde hacía un año, cuando notó el cambio que se produjo en el chico. Se sacudió la melena castaño rojiza con fuerza, como si con ese gesto pudiera también eliminar esos tontos pensamientos de su mente.
Salió al patio. Oyó un golpeteo extraño cerca del lugar de entrenamiento de Edmure. Con sigilo, se acercó a observar de dónde provenía ese sonido. No parecía el martillo del herrero sobre el yunque, porque no era un ruido metálico. Además, era demasiado temprano como para que se estuviera trabajando en la herrería. Fue desplazándose pegada a la pared hasta que llegó al quicio de la puerta del cobertizo donde se guardaban trastos de poco uso. El sonido era ahora más claro. Parecía que algo de madera golpeara sobre una piedra. Se asomó con cuidado hacia el interior y lo que vio la dejó sin aliento: Petyr blandía una espada de entrenamiento y con ella lanzaba estocadas contra una piedra de amolar rota. Se había quitado el jubón y dejado la camisa de lino, que se había abierto por los movimientos torpes que el muchacho hacía. El sudor empapaba el pelo rizado y de vez en cuando se pasaba la mano por la cabeza. A Lysa le pareció adorable. No tenía el porte de un caballero luchador, ni tampoco era un muchacho de aspecto fuerte, pero la idea de que quisiera serlo le gustó tras la sorpresa inicial. Petyr nunca había demostrado interés por las armas y Lysa se preguntaba por qué ahora sí. Decidió averiguarlo y la única manera de hacerlo era continuar espiándolo. Sin duda había tenido al mejor maestro para seguirlo sin ser notada.

Recordad, visitad la web de la autora y dejad vuestrras impresiones allí.
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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 8

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