domingo, 26 de agosto de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 8

PETYR
Estaba destrozado. Nunca habría imaginado lo duro que era entrenarse para ser un caballero y empezaba a tener claro que no valía para ello, nunca lo había valido. La verdad era que no le interesaban las gestas militares. Lo suyo siempre fue intentar saber cómo se enriquecía la gente. Había oído hablar de la mítica riqueza de los Lannister de Roca Casterly y de que su origen estaba en que Lord Tywin Lannister cagaba oro.
Él no creía esos cuentos de tatas viejas, por supuesto, pero tampoco llegaba a hacerse una idea de cómo acumularon tanto poder económico. En la biblioteca de Aguasdulces no halló respuesta y eso le deprimía. Aunque lo triste era que él no tenía dinero ni tampoco era un caballero, así que el pedestal sobre el que se sentaba Catelyn se le antojaba cada vez más alto.
Dejó la espada dentro de un saco de serrín que nadie había tocado en años, se colocó el jubón y salió del castillo. Lo que más le apetecía era darse un buen baño en el río. El agua fría entumecería sus agotados miembros y le haría olvidar el dolor que tenía en ellos. Pronto llegó a la ribera y contempló la unión entre el Piedra Caída y el Forca Roja. Los miembros de la familia Tully eran enterrados en esas aguas según la tradición. Pensó que a lo mejor se impregnaba de algo de ellos al bañarse allí. Sin dudarlo, se quitó la ropa y se zambulló en el agua. No tenía fuerzas ni para nadar, así que se dejó mecer con cuidado de que la corriente no se lo llevara demasiado lejos. Cuando empezó a sentir frío, salió del agua para secarse al sol antes de vestirse, pero por poco tiempo. No le gustaba verse el cuerpo delgado, sin un ápice de músculo, y con apenas un rastro de vello en el pecho y en la ingle. Pensaba que, al crecer, se convertiría en un hombre alto y fuerte, pero se dio cuenta de que eso había que trabajarlo, sobre todo la fuerza. Lo de la altura ya no tenía remedio. Meñique… era Meñique, a su pesar. Se rió de sí mismo y, sin pensarlo, gritó “¡Caaaaaaaaaaaaaaaaaaaat!”
Se vistió y se sentó un rato para recuperar fuerzas del todo. De pronto apareció por allí Lysa, lo que le extrañó teniendo en cuenta lo poco que le gustaba madrugar. Ella se aproximó sonriente, con aire decidido, y le dio los buenos días. Petyr le devolvió el saludo mientras trataba de traducir lo que veía en sus ojos. ¿Lo habría estado espiando? No lo creía; al menos no lo imaginaba de ella. Él era su cómplice en todo, de forma que no le cuadraba la idea de que ahora se convirtiera en víctima de alguna travesura diseñada por ella. Empezaron a hablar de temas sin importancia hasta que Lysa le preguntó que qué hacía allí tan temprano. “Nada, sólo vine a tomar un poco de aire fresco. Ya sabes que las cuatro paredes del castillo me agobian”, se excusó él. Ella lo miró de soslayo con un gesto que denotaba poco convencimiento. “Juguemos al juego de la verdad”, propuso Lysa. Empezaron con preguntas tontas que respondían con mentiras sólo por divertirse pidiendo y pagando prendas absurdas: colgarse boca abajo de un árbol, mojarse la cabeza en el río, masticar un puñado de hierba... Era el turno de Lysa. De repente,  su rostro se tornó solemne. “¿Es verdad que estás entrenándote en secreto para ser caballero?”. Petyr no cambió de expresión a fin de no verse descubierto. Después empezó a reírse de manera teatral, revolcándose por la hierba mientras Lysa lo miraba seria. Él siguió con la pantomima hasta que ella se cruzó de brazos y lo asesinó con los ojos. Petyr dejó de fingir diversión y le dijo que no con decisión. La muchacha se levantó de un salto. Pensó que se marchaba enfadada, pero Lysa se dirigió hacia un árbol cercano. De un hueco del tronco sacó la espada con la que Petyr se había estado entrenando un rato antes. Su tez morena se puso pálida. No podía ser. Él era un maestro a cualquier juego, no estaba preparado para perder. “Tienes que pagarme una prenda”, sentenció Lysa con una sonrisa entre pícara y divertida. “Pero antes, échate una hoja de menta a la boca”.

Recordad, visitad la web de la autora y dejad vuestrras impresiones allí.
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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 9

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