jueves, 20 de septiembre de 2012

Invierno: Capítulo 6

Kyran


El viaje hacia el norte estaba resultando algo más lento de lo que él tenía previsto en un
principio, pero poco se podía hacer si eran dos viajeros y un solo caballo. Mina y él se turnaban
para viajar a lomos del corcel, a veces iban ambos montados e incluso algunas los dos a pie.
Pero seguían yendo muy lentos, demasiado para el gusto de Kyran. Por suerte había aprendido
a tener paciencia.
Mina resultó una compañera de viaje de lo más agradable. Lo animaba con historias que
juraba que le habían ocurrido a ella, como que el aullido de los lobos la mantuvo caliente
toda una noche o que una vez conoció a un tipo que era capaz de saltar de rama en rama
como si fuese una ardilla. Kyran no llegaba a creerse ni la mitad de las cosas, pero resultaba
entretenido. La que más le costaba de creer era la de que ella sola había derrotado con la
espada a un grupo de cinco hombres que intentaron violarla en una aldea del sur. Cuando
Kyran la miraba, no veía a una guerrera, una luchadora. Veía a una chiquilla que trataba de
huir de su pasado. A los pocos días de viajar con ella empezó a pensar que tal vez no fuese
buena idea llevarla al norte.

-Mi padre decía que mi tío abuelo Pyron venció a un oso armado solo con su bota –iba
contando ella en aquel momento mientras montaba en el caballo.

-Pues debía tener un gran olor de pies –respondió él, que iba de pie, caminando a su lado.

Mina lo miró, como sorprendida de que de verdad la estuviese escuchando. Sonrió levemente
y volvió a mirar al frente, parando al caballo con las riendas. Kyran la miró.

-Pensáis que no puedo hacerlo –dijo la chica mirándolo desde arriba.

-¿Hacer qué?

-Derrotar a un hombre topo en un combate con espadas, distinguir qué setas son comestibles
entre las más parecidas, trepar a lo más alto del árbol más alto…

-No existen los hombres topo –la cortó el mercenario.

-Existe una aldea llamada Villa Topo –replicó Mina-. Llamamos así a los que viven en ella.
¡Claro que no existen los hombres topo!

Por una vez Kyran se sintió estúpido. Se frotó distraídamente el cabello mientras miraba al
suelo. Oyó el suspiro de exasperación de Mina a lomos del caballo.

-No pensáis que una chica sea capaz de hacer todo eso.

Esta vez fue él quien suspiró. Mina bajó del caballo y comenzó a avanzar.

-¿Qué hacéis?

-Demostraros que puedo ser tan dura como cualquier hombre.

Prosiguieron un trozo en silencio durante el cual Kyran, quien no se había montado en el
caballo porque todavía no era su turno y por si Mina cambiaba de opinión y quería volver
a subirse, contempló la espalda de Mina mientras caminaba delante de él. Puso los ojos en
blanco. Sólo es una chiquilla, se dijo, es como discutir con una niña pequeña. O con un niño,
mejor dicho.

Cuando iba a abrir la boca para decirle que no se alejase demasiado, ella se detuvo de golpe.
La observó extrañado hasta que vio cómo sacaba un estilete que llevaba oculto en la bota, un
estilete que le era muy familiar.

-¡Eh! ¡Eso es mío!

-Callad –susurró ella retrocediendo unos pasos hasta donde estaba él sin dejar de mirar en
dirección al bosque que seguía bordeando el Camino Real.

Kyran alzó el brazo para quitarle su arma pero ella lo apartó de un manotazo que le dolió y lo
dejó sorprendido. Volvió a intentarlo pero esta vez ella le cogió de la muñeca y apretó fuerte.
No le hizo demasiado daño, pero bastó con eso y con la mirada que le dirigió la chica para
comprender que no estaban solos. Tardó unos segundos en escuchar las pisadas y el crujir de
las hojas.

-¿Cómo los has oído tan pronto? –susurró Kyran-. ¿Y cómo me has cogido eso?

-Son cuatro –susurró Mina ignorando por completo las preguntas que él le había formulado-.
Sin armadura, pero llevan armas grandes, probablemente hachas. Nos atacarán cuando nos
movamos.

Kyran asintió. Los viajeros hicieron como si no pasara nada, pero Mina no soltó el estilete y
Kyran tenía fuertemente agarrada la empuñadura de su espada, preparado. No dieron ni diez
pasos cuando se les echaron encima. Kyran contó cuatro, como había dicho Mina, y también
que llevaban pesadas hachas. Vestían con gastadas y toscas pieles, como si fuesen salvajes. Tal
vez lo sean, se dijo. Sin dejar de sorprenderse por la habilidad de su compañera, desenvainó su
espada al tiempo que le gritaba a Mina que tuviese cuidado.

Le tocó un oponente pesado, al menos una cabeza más alto que él, y eso que Kyran era
alto. Logró escaparse de los golpes de su pesada hacha con gran agilidad y golpearle varias
veces antes de lograr al fin cortarle el cuello. Se dio la vuelta frenéticamente buscando otro
adversario pero tal fue su sorpresa encontrárselos ya en el suelo, muertos. Mina ya rebuscaba
entre sus cuerpos.

-Nunca llevan nada de valor, maldita sea –refunfuñó.

El mercenario no dejaba de sorprenderse. La había perdido de vista apenas unos segundos,
mientras despachaba al primero de los salvajes, y ella se las había apañado perfectamente
con los otros tres como si no fuese más que unos simples insectos. Y, por si fuera poco, con su
estilete.

-¿Cómo habéis…?

-Mucha práctica –replicó ella todavía enfadada con él-. No penséis que cuando era pequeña
me dedicaba a jugar con muñecas.

-Y sin embargo cuando nos conocimos…

-¡Me golpeasteis en el pecho! –protestó-. Faltó poco para que me rompierais alguna costilla.
Me seguía doliendo cuando me sacasteis de debajo del carro.

Kyran la miró mientras ella seguía rebuscando entre los cuerpos de los salvajes, sin saber si
sentirse alagado u ofendido. Alagado por haber logrado capturar a una persona tan hábil como
ella, ofendido porque ella hubiese matado a tres hombres en el tiempo en que él mataba uno.

Resultó que los hombres no tenían más que un par de piezas de plata, pero se contentaron
con eso. Acamparon un par de leguas más al norte, cuando el sol comenzó a ponerse. Para
entonces a Mina se le había pasado casi todo el enfado y volvía con ganas a sus anécdotas
preferidas. A Kyran no le pasó desapercibido que no había ninguna de cuando vivía en
Bosquespeso. No preguntó.

-Habéis conseguido que me crea cosas imposibles esta tarde –le dijo a modo de disculpa
mientras cenaban-. Os pido perdón.

Mina hizo un mohín mientras se frotaba la nariz. Kyran sabía que hacía ese gesto cuando algo
la incomodaba pero que era su forma de decir gracias. Sonrió y le dio un mordisco a la carne.
Mina seguía mirándolo.

-Creo que no era vuestra intención ofenderme –lo ayudó ella.

-No, no lo era, es cierto –Kyran miró al fuego con ojos tristes, gesto que a Mina no le pasó
desapercibido.

-¿Os ocurre algo?

-No –respondió él, a sabiendas de que mentía fatal.

-Sabéis que no me lo creo –replicó Mina; tras un instante de pausa, añadió-: ¿Quién es ella?

Kyran se sorprendió un poco, aunque comenzaba a acostumbrarse a que aquella chiquilla lo
adivinase todo. Trató de apartar de su memoria aquella melena morena y aquellos ojos tan
azules y tan iguales a los que tenía justo al lado, pero en vano. Mina era idéntica y a la vez
diferente de… No se atrevía ni a pensar en su nombre.

-Era la hija de un gran señor –susurró, apenas consciente de que estaba diciéndoselo-. Nunca
existí para ella, eso es todo.

Se esforzó por cerrar aquella puerta de su mente, de dejar tras ella los recuerdos, el dolor y
la humillación que tanto lo había martirizado durante muchos años… Y lo logró, porque se
encontró a sí mismo buceando en los ojos marinos que tenía a su lado, tan idénticos y a la vez
tan distintos…

Fue Mina quien rompió el contacto visual, algo incómoda. Sus mejillas se habían sonrojado y
jugueteaba con las manos mirando al fuego. Permanecieron en silencio durante unos minutos.

-Es extraño –comenzó ella-. Pero me recordáis a alguien.

-¿A quién?

-A un rey –dijo finalmente con sus ojos marinos observándolo nuevamente-. Un hombre
valiente de una vieja historia…

Kyran apartó también los ojos del fuego y volvió a mirarla. No sé cómo había podido ver
en aquella joven dama que tenía delante los restos de aquella infame mujer que lo había
despreciado. Se culpó a sí mismo y se dijo que jamás volvería a pasar.

-Vos y vuestras historias…

-Esta no es como las otras –respondió ella.

-¿Y cómo es entonces? –Kyran esbozó una triste sonrisa que ella le devolvió.

-¿Habéis oído hablar de Veneno de Dragón?

Aquí podéis continuar leyendo el capítulo 7 de Invierno 

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