lunes, 10 de septiembre de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 21

PETYR

Despertó sudando. Abrió los ojos despacio. La luz que apenas entraba por la ventana medio abierta le quemaba las pupilas. Volvió la cabeza y descubrió al maestre Vyman dormitando en una silla de madera y cuero. Pidió agua con un hilo de voz. El maestre no lo oyó y siguió durmiendo. Petyr alzó una mano, intentando llegar a un vaso que reposaba en la pequeña mesa instalada cerca de su cabecera. Con los dedos empujó el recipiente y éste cayó al suelo, despertando a Vyman, que se alzó como impulsado por un resorte.
Se acercó al muchacho y le tocó la frente: la fiebre estaba remitiendo. Petyr sentía como si se hubiera despertado de un sueño muy profundo, interrumpido por unos pocos momentos de lucidez. O de algo parecido. No conseguía distinguir lo que fueron estados de sueño y de vigilia. Ahora ya notaba la mente un poco más clara y despejada. Preguntó al maestre cuánto tiempo llevaba allí: quince días. ¡Tanto! A él le dio la sensación de que había sido menos. Se tanteó el cuerpo: estaba delgado, con los huesos de las caderas muy marcados. Quiso incorporarse, pero no halló las fuerzas. El maestre le acercó el agua y bebió con avidez. Su estómago vacío protestó con un rugido y preguntó si podía tomar algo sólido. Vyman respondió afirmativamente y salió en busca de unas gachas calientes. “Algo suave para empezar. Has estado a base de caldos y leche de la amapola dos semanas.”
Ya solo, intentó reorganizar sus pensamientos. Recordaba el duelo, recordaba a su doncella de nieve y, lo más importante, recordaba a Cat besándolo. A lo mejor era también parte de uno de sus delirios en mitad de la fiebre. Al haber perdido la noción del tiempo, no sabía si ella lo había besado antes o después de alguno de sus sueños o sólo lo imaginó. Le vinieron a la memoria los cabellos sobre la manta… ¿también eran una fantasía? Se miró la mano y buscó en la cama, pero ya no estaban. Cerró los ojos a fin de concentrarse. Había soñado dos veces más con la joven de pelo castaño desde su primer encuentro, tan desconcertante como placentero, y en el que imaginó que era Catelyn. La segunda vez ya no estaba en mitad de un paisaje frío, sino en un cómoda alcoba ricamente decorada. La muchacha acudía a él buscando sus manos, sus labios, su abrigo, su protección. Se había sentido poderoso abrazándola y sintiéndola como suya. De nuevo la joven lo había besado con fuerza y todo se precipitó como en la primera ocasión. La última vez que soñó con ella fue de lo más extraño. Por un breve instante creyó reconocerla por fin. Su pelo ya no era castaño oscuro, sino rojizo, pero podía ser por efecto de la luz de la vela que iluminaba la estancia. El rostro apenas se dejaba ver, oculto por el cabello, pero había algo demasiado familiar en él, tanto que… “¿Eres tú, Cat? Siempre has sido tú, ¿verdad?”, se atrevió a preguntar en medio de los besos que la muchacha le daba en el cuello. “Sí. Soy ella, Petyr, y te amo. Bésame, besa a tu Catelyn.” Mientras pensaba en todo esto, notó que se excitaba. Había algo que cada vez tenía más claro: Cat estuvo en su habitación y lo había besado. Esa sensación de sus labios tocados por los de su amada había sido demasiado vívida. Pero también lo era el cuerpo de su doncella de nieve, por lo que…
El maestre Vyman entró, interrumpiendo sus cavilaciones. Le dio el plato de gachas con la paciencia de una madre. Al terminar, Petyr se sentía un poco más fuerte y pidió levantarse. El maestre lo ayudó y le aconsejó hacerlo con cuidado. Debía ir probando todos los días a moverse para recuperar el tono muscular perdido tras tanto tiempo en la cama. Se puso de pie y caminó unos cuantos pasos por la habitación, siempre apoyado en Vyman. Al pasar por delante del pequeño espejo de cobre, éste le devolvió la imagen de un ser desconocido: una figura delgada, con una cabeza llena de pelo negro rizado y demasiado largo y con los pómulos hundidos. Se pasó la mano por la barbilla y notó que le había crecido un vello más fuerte allí, formando una especie de perillita puntiaguda. Se estaba convirtiendo en un hombre a base de golpes. No era ni la sombra del antiguo Petyr. Mucho tendría que caminar para recuperar parte del muchacho que había sido. Esbozó una sonrisa y, en el fondo, se dio por derrotado, pero no quería admitirlo. “Estaba loco cuando reté en duelo al prometido de Cat”, pensó. “Soy un sentimental, lo quiera o no.” Siempre le decía a Lysa que la vida no era una canción y ahora él lo había comprobado en sus propias carnes. 
Petyr herido - Juego de Tronos en los siete reinos
Fuente imagen: www.pixiv.net/member_illust.php?mode=manga&illust_id=27336063


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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 22

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