martes, 11 de septiembre de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 23

PETYR

Tras casi treinta días de encierro, Petyr obtuvo permiso del maestre para salir de la habitación. Lo haría por su propio pie, aunque no sin trabajo. Había estado ejercitándose dos semanas en el cuarto y recuperado parte de las fuerzas, pero aún necesitaba apoyo para moverse. Seguía estando delgado y su rostro había perdido el color moreno después de un mes sin ver el sol. Parecía un fantasma y así se sentía él: un espíritu invisible al que nadie percibía. Era un ser sin importancia en la vida de Aguasdulces. Para más desgracia, aún presentaba numerosas cicatrices que irían desapareciendo, aunque la del pecho quedaría ahí para siempre, como un recuerdo doloroso del gran fracaso de su vida.
Joven Petyr - Juego de Tronos en los siete reinos
 
Mientras se vestía, se pasó la mano por el torso, acariciando la herida, y un pensamiento fugaz, como un fogonazo, le cruzó la mente: ¿Dónde estaba Lysa? Desde que se batió en duelo con el Stark no había sabido nada de ella. Era extraño… La muchacha le había confesado su amor y, sin embargo, no le visitó durante su convalecencia, mientras que Cat se había arriesgado a verle e incluso le había besado. Quizás estuvo en el cuarto mientras él dormía bajo los efectos de la leche de la amapola. El estado de semiinconsciencia que provocaba el brebaje le había dejado un sinfín de lagunas mentales. Era un remedio bastante peligroso y no convenía administrarlo mucho tiempo según le comentó el maestre. Ahora entendía por qué. Le fastidiaba haber perdido quince días de su vida que se resumían en un gran espacio en blanco, salpicado sólo por escenas que no lograba dilucidar si eran reales o soñadas.
Ese día estaba citado para hablar con Lord Hoster. Se encontraba poniéndose las botas cuando una sirvienta llamó a la puerta. La hizo pasar y ésta le comunicó que el señor del castillo ya lo esperaba en el gran salón. Temía esa reunión más que nada en el mundo, porque no sabía lo que iba a decirle. Tenía la esperanza de que estuvieran a solas. Si Edmure estaba presente, la humillación le dolería el doble. No creía que Cat o Lysa asistieran, ya que era un tema entre hombres. Cuando terminó de vestirse, abandonó el cuarto y comenzó a avanzar por el pasillo lentamente sirviéndose de una muleta que el maestre Vyman había mandado hacer para él.

Recordad, visitad la web de la autora y dejad vuestrras impresiones allí.
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