martes, 11 de septiembre de 2012

The Riverrun Memories: Capítulo 24

CATELYN

            Se encontraba en una pequeña sala del castillo bordando para distraerse. No saber nada de Petyr en casi un mes era una tortura. Después de su breve y furtiva visita, no había vuelto a tener noticias de su estado, aunque confiaba en que sería bueno por lo que había oído comentar a Lysa, que obtenía información de cualquier parte. Su padre la tenía en total desconocimiento sobre la salud del muchacho como castigo por algo que, en realidad, no había sido culpa suya, pero en su fuero interno era una especie de penitencia que consideraba merecida. Por otra parte, los preparativos de su enlace con Brandon Stark no le hacían olvidar que su amigo más querido estaba postrado, herido por fuera y, sobre todo, por dentro. Cuando lo vio tendido en la cama, destrozado, quiso haber viajado en el tiempo y evitado que todo hubiera sucedido. Pero había algo que era imposible detener: el amor que Petyr sentía por ella.
La felicidad por su compromiso se veía empañada por el hecho de ser consciente de que existía una persona que la amaba hasta el punto de arriesgar su vida por demostrárselo. “Es sólo un niño”, le había dicho a Brandon. Pero era “su niño”, el compañero de juegos y también, por qué no, el primero que la había besado por amor. Se tocó los labios al recordarlo… Su prometido era un joven ideal, superaba sus expectativas pero, ¿lo amaba realmente? ¿Y él a ella? Apenas se conocían, mientras que Petyr era como su hermano… Un hermano muy especial. De pequeños se contaban todos sus secretos y alguna vez habían jugado a ser un caballero y su dama. El niño huía de representar el papel de guerrero y optaba por idear adivinanzas y pruebas de ingenio para salvar a su amada de las garras de un fiero dragón. Siempre había sido diferente y muy inteligente. En aquellos momentos de diversión infantil, Cat no habría podido adivinar que, con el paso de los años, Petyr albergaría sentimientos de adulto hacia ella. ¿Por qué era todo tan complicado? 
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Dejó a un lado su labor y subió a los dormitorios. Con suerte se tropezaría con el maestre Vyman saliendo del cuarto de Petyr. Le interrogaría aunque luego se lo contara a su padre. Ya no le importaba correr el riesgo. Al doblar la esquina del pasillo se dio casi de bruces con quien menos esperaba: Petyr en persona. ¡Estaba recuperado! O eso parecía… Su aspecto no era el mejor, aunque lo notó más maduro, como si hubiera crecido mientras recobraba la salud. Incluso lucía una incipiente barbita. Reprimió el impulso de abrazarlo con fuerza, de gritar de alegría. Era como si él hubiera estado en una guerra y por fin regresara a casa después de mucho tiempo, sano y salvo. ¿Qué había de malo en estrecharlo entre sus brazos y darle un beso? Pero su sentido del decoro se lo impidió. A veces le daba la sensación de que tenía el corazón de piedra… Todo era fruto de su rígida educación. Por su parte, Petyr transmitía también su incomodidad ante el encuentro. Finalmente, Cat rompió el silencio. “No esperaba verte andando… Eso es buena señal, ¿no?” El muchacho asintió, levantando la muleta con aire irónico. “Sí, ahora tengo otra pierna…”, contestó. Catelyn observó el cuerpo aún herido de Petyr y, sobre todo, la palidez de su rostro. Prefirió no aludir a ello y le pasó los dedos por el pelo. Lo tenía muy largo y el mechón blanco sobresalía entre la maraña oscura de sus cabellos. El chico bajó la cabeza al tiempo que le cogía la mano y se la llevaba a los labios. Ella no la retiró. “Cat, sigo queriéndote, debes saberlo. Es más: creo que tú también has empezado a quererme como yo lo hago. Sé que eras tú, no me puedes engañar…” La muchacha miró hacia otro lado al tiempo que la sangre le subía a la cara. ¿Por qué no pudo resistir el impulso de besarle? Petyr continuó. “Estabas allí, te vi, tus cabellos se quedaron en mi cama y tú me besaste…” Catelyn negó con la cabeza, pero a él no podía engañarle. Su lenguaje corporal la delataba. Nunca había podido mentirle a ese muchacho tan avispado. “Calla, por favor. Debes olvidar, te lo suplico. Mi padre me mataría si se enterara de que fui a verte y a ti te haría algo peor. No creo que pudiera soportarlo, Petyr.” El joven abrió la boca para hablar, pero ella le interrumpió: “Estoy prometida, pero tú eres alguien muy importante en mi vida y siempre lo serás, aunque esté casada. Diez años no se pueden borrar de un plumazo. En mi corazón hay un hueco para ti, ya lo sabes. Pero olvídate de tu amor por mí y serás más feliz, Petyr. Y yo también.” Tomó la cara del muchacho entre sus manos. Por un instante se perdió en sus ojos verdegrisáceos rodeados de espesas y largas pestañas negras. Alzó la cabeza y le dio un beso en la frente. Sin volver a mirarlo, se marchó llorando por donde había venido.

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Siguiente capítulo, The Riverrun Memories: Capítulo 25

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